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LAS FLORES DE DANA



—Daniels, Jack Daniels.

—Encantado de volver a verte, pero no hace falta que todas las noches hagas lo mismo y te presentes como un puto agente secreto. Ya sé quién eres, nos conocemos de hace años.

Lo chungo no es hablar solo, lo chungo es que todos los días, cuando vuelves a casa, prepares tu vaso con un hielo grande y, justo al llenarlo con bourbon, este cobre vida, te hable y que tú le contestes. Pero, mira, una noche sin los fantasmas que Iberdrola, Enagas, DGT y el IBI del ayuntamiento me enviaban puntualmente para quitarme el sueño noche tras noche, desaparecían gracias a que mi amigo Jack los hacía huir de mi mente hablándome desde dentro de un vaso de alcohol, hasta convencerme de que era hora de dormir. Tener amigos así, es de agradecer, os lo aseguro.

La mañana siguiente fue tan genial como siempre: dos gramos de paracetamol, cambiarme la ropa de ayer con la que había dormido, y una ducha. La ducha antes que la ropa, ducharse vestido es incómodo, aunque a veces, necesario.

Después, la tristeza diaria de saber que mi amigo Jack había muerto la noche anterior, y el duro trabajo de enterrar su cadáver vacío y transparente, en mi cementerio particular para los Jacks: una bolsa de basura de comunidad abarrotada de ellos.

Era mi oportunidad, después de estar cuatro años en el paro presentando currículos, por fin, y sin que sirviera de precedente para los demás en mi misma situación, recibí un correo electrónico en el que un semanario digital me enviaba un contrato de trabajo por obra o servicio determinado, es decir, me pagarían por cada artículo que me pidieran que les enviara, o por cada página de opinión, la mía, cuando les interesara que se la diera. Todo un triunfo, a pesar de la mierda que prometieron pagarme.

Después de imprimir el contrato, firmarlo, escanearlo y volverlo a mandar a la dirección info.rrhh@... lo que fuera el servidor, que no recuerdo ya, recibí a la mañana siguiente un SMS en mi móvil comunicándome que ya estaba de alta en la SS, y me sentí casi tan poderoso como cualquier oficial nazi recién ascendido.


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